"MAMÁ, PAPÁ, LEE MUY
ATENTO"
1. Evitar la culpa: no sentirse culpable y anclarse en ese sentimiento negativo por tener un
hijo/a con TDAH, sino intentar sustituir ese sentimiento por una conciencia de
responsabilidad, por un “mirar hacia delante”, con el objetivo de ayudar a su
hijo/a y ser mejor cada día: mejor persona, mejor padre, mejor compañero.
2. Pensamiento positivo: es importante conceder a los niños hiperactivos la
posibilidad de volver a empezar cada día. Arrastrar sanciones, enfados, por
cuestiones menores (orden, puntualidad, distracciones, etc.) imposibilita tener
el adecuado tono emocional para ayudar. El niño hiperactivo no modula su
conducta por consecuencias a largo plazo, sino a corto. Las madres y padres
también pueden mirar hacia sí mismos, hacer autocrítica, modificar estilos de
educar y adaptarse a las necesidades de su hijo para cada día hacerlo mejor.
3. Favorecer el desarrollo individual: estos niños/as no son adaptables a cualquier
circunstancia, probablemente no se sentirán bien llevando una vida
contemplativa, muy sedentaria o pasiva. Hay que permitirles crecer por el
camino que les corresponde, avanzar, ser ellos mismos. La capacidad para
sentirse bien dependerá más de su equilibrio personal, de la posibilidad de
desarrollar sus potenciales, de regular/controlar sus emociones y
comportamiento y de relacionarse con los demás positivamente. El niño podrá
desarrollarse y afrontar mejor sus dificultades si siente el amor incondicional
de sus padres, si se siente querido y entendido en todo momento.
4. Entender lo que le pasa al niño: el niño/a con TDAH no se comporta voluntariamente de
forma inadaptada, sino a consecuencia de ciertas características del trastorno
que le acompaña. Sin embargo, a pesar de la hiperactividad, el cuerpo, y en
concreto el sistema nervioso, son tremendamente plásticos, mucho más de lo que
nos imaginamos, y si a esa plasticidad le sumamos el efecto de la personalidad,
hay mucho que se puede hacer para favorecer el desarrollo de las personas con
TDAH y conseguir que logren disimular estos defectos y puedan explotar otros
rasgos positivos de su personalidad.
5. Pedir ayuda: es recomendable
comentarlo con otros padres, e incluso con hermanos mayores, pareja o
cuidadores que pasen mucho tiempo con el niño/a con TDAH; hablar con el
profesor o tutor del colegio; o visitar al pediatra para conocer su opinión y
su valoración del caso; acceder a recursos específicos a niveles social,
educativo, familiar e incluso sanitario a través de asociaciones reguladas de
ayuda; seguir las indicaciones del especialista en cuanto a tratamientos y
recursos, entre otras cosas.
6. Buscar apoyo del colegio: es recomendable hacer partícipes del plan de
tratamiento a los responsables de la educación del niño en el colegio. Allí se
puede hacer mucho, dado el tiempo que los niños pasan en el centro y la
importancia que la forma en que se desenvuelven en este entorno va a tener en
su habilidad para relacionarse, en su autoestima, en su capacidad de
superación, en su motivación, etc.
7. Favorecer la comunicación entre los adultos implicados
en el cuidado del niño (especialista-padres-colegio): el trabajo multidisciplinar es crítico para ayudar al
niño/a. Pediatras, médicos de familia, psiquiatras, psicólogos, terapeutas,
profesores, monitores, cuidadores, asistentes, etc. deben ponerse en contacto y
abrir diferentes vías de comunicación para llevar a cabo actuaciones conjuntas
y coordinadas.

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