miércoles, 1 de marzo de 2017

SOBREDIAGNOSTICACIÓN


"No somos iguales"

Un aspecto clave a tener en cuenta es conocer cómo se diagnostica el TDAH. No existen marcadores biológicos que permitan el diagnóstico, por lo que éste se basa en la observación de la conducta del niño. A menudo, quien principalmente observa esta conducta no es el médico, sino los padres y profesores, que presionan para buscar soluciones.

Aunque en el DSM-IV se especifica que los síntomas deben interferir de forma significativa en el rendimiento escolar o laboral y en las actividades cotidianas para poder diagnosticar el TDAH, en ocasiones los médicos basan el diagnóstico únicamente en la presencia de síntomas, lo que conduce a diagnósticos erróneos. 

Muchos niños/as presentan algunos de los comportamientos relacionados con el TDAH, pero no todos ellos presentan una disfunción significativa.

La utilización de criterios diagnósticos diferentes (por ejemplo, DSM-IV vs ICD-10) también explicaría estas variaciones; el uso del DSM-IV da lugar a 3 o 4 veces más diagnósticos de TDAH que el ICD-106. De todas formas, aunque se utilicen criterios diagnósticos operativos, como los de las principales clasificaciones psiquiátricas, el TDAH puede infradiagnosticarse o sobrediagnosticarse, porque la toma de decisiones en la zona de ambigüedad sano enfermo responde a los valores del individuo y de la sociedad. El TDAH tiene un fuerte componente social, por lo que la frontera entre los sanos y los enfermos que precisan tratamiento se establece en función de los valores culturales, y el mismo comportamiento puede ser interpretado de diferente forma dependiendo de la persona que diagnostique y del contexto social. 

Entre los factores culturales destacan el grado de tolerancia a los síntomas, expectativas de padres y educadores y cultura del medicamento.

Por otra parte, en varios estudios se observa que la «edad relativa» es un predictor del diagnóstico y tratamiento del TDAH. En un estudio realizado en Canadá en niños en edad escolar (6-12 años) se observó que los niños nacidos en diciembre tenían un 30% más de riesgo de ser diagnosticados de TDAH y un 41% más de ser tratados que los nacidos en enero. En el caso de las niñas, el incremento del riesgo era de un 70% y un 77% respectivamente. Los autores concluyen que la relativa inmadurez de los alumnos nacidos al final del año de un determinado curso los expone a un diagnóstico inapropiado y a sobretratamiento. En la CAPV también se observa una relación entre la edad relativa y la prescripción de fármacos indicados para el TDAH, sobre todo en niños. 



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