"No somos
iguales"
Un
aspecto clave a tener en cuenta es conocer cómo se diagnostica el TDAH. No
existen marcadores biológicos que permitan el diagnóstico, por lo que éste se
basa en la observación de la conducta del niño. A menudo, quien principalmente
observa esta conducta no es el médico, sino los padres y profesores, que
presionan para buscar soluciones.
Aunque
en el DSM-IV se especifica que los síntomas deben interferir de forma
significativa en el rendimiento escolar o laboral y en las actividades
cotidianas para poder diagnosticar el TDAH, en ocasiones los médicos basan el
diagnóstico únicamente en la presencia de síntomas, lo que conduce a
diagnósticos erróneos.
Muchos
niños/as presentan algunos de los comportamientos relacionados con el TDAH,
pero no todos ellos presentan una disfunción significativa.
La
utilización de criterios diagnósticos diferentes (por ejemplo, DSM-IV vs
ICD-10) también explicaría estas variaciones; el uso del DSM-IV da lugar a 3 o
4 veces más diagnósticos de TDAH que el ICD-106. De todas formas, aunque se
utilicen criterios diagnósticos operativos, como los de las principales
clasificaciones psiquiátricas, el TDAH puede infradiagnosticarse o
sobrediagnosticarse, porque la toma de decisiones en la zona de ambigüedad sano
enfermo responde a los valores del individuo y de la sociedad. El TDAH tiene un
fuerte componente social, por lo que la frontera entre los sanos y los enfermos
que precisan tratamiento se establece en función de los valores culturales, y
el mismo comportamiento puede ser interpretado de diferente forma dependiendo
de la persona que diagnostique y del contexto social.
Entre
los factores culturales destacan el grado de tolerancia a los síntomas,
expectativas de padres y educadores y cultura del medicamento.
Por
otra parte, en varios estudios se observa que la «edad relativa» es un predictor
del diagnóstico y tratamiento del TDAH. En un estudio realizado en Canadá en
niños en edad escolar (6-12 años) se observó que los niños nacidos en diciembre
tenían un 30% más de riesgo de ser diagnosticados de TDAH y un 41% más de ser
tratados que los nacidos en enero. En el caso de las niñas, el incremento del
riesgo era de un 70% y un 77% respectivamente. Los autores concluyen que la
relativa inmadurez de los alumnos nacidos al final del año de un determinado
curso los expone a un diagnóstico inapropiado y a sobretratamiento. En la CAPV
también se observa una relación entre la edad relativa y la prescripción de
fármacos indicados para el TDAH, sobre todo en niños.

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